viernes, 15 de agosto de 2008

hace un año la Tierra tembló en Pisco

..... y mi hija estaba alli.
Quiero en mi blog recordar a los que no tuvieron la suerte que ella tuvo. Os ruego una oración por los que sufrieron aquella terrible catástrofe.

Las fotos fueron tomadas por ella en la calle de Pisco y en la carretera Panamericana. Y a continuación pongo el e-mail que escribio al llegar a Lima el día 17.

Subject: capítulo final... pero no el fin
Date: Fri, 17 Aug 2007 17:30:45 +0000
Hola a tod@s!
¿Que tal? nosotros bien, gracias a Dios. Por si estabais preocupados, esta vez sí que fue con motivo, pues con lo grande que es Perú y el tiempo que hemos estado aquí, justo estábamos en Pisco el miércoles 15 de agosto, cuando ocurrió el terremoto.
Habíamos llegado al pueblo por la tarde, después de ver las líneas de Nasca, y después de cambiar dinero, encontrar un hostal y averiguar sobre las excursiones a las islas Ballestas y península de Paracas, dejamos el móvil a cargar en el hotel, la cámara escondida en la habitación, cogimos un suéter y salimos a contratar la excursión y a cenar. Justo cuando estábamos llegando a la plaza, algo retumbó, me pareció un petardo, pero en seguida vi los pájaros salir volando de los árboles, y una chica correr, mientras David gritó 'earthquake', sin saber qué hacer, habíamos visto en muchos edificios en Perú señales de 'zona segura en caso de sismo' en las puertas y columnas de los edificios, así que nos refugiamos en el dintel de la tienda en frente de la que pasábamos. Conforme esto pasaba la tierra se movía como no os podéis imaginar, yo vi que no había ningún letrero bajo ese mismo portal, pero no había dónde ir ya, todo estaba cayendo en pedazos a nuestro alrededor, y David y yo nos abrazamos, gritando para comprobar que estábamos vivos cada vez que había una pequeña tregua de polvo entrando en nuestras gargantas y bloques cayendo sobre nosotros. El pobre David se llevó la peor parte, ya que estaba inclinado sobre mí, y yo levantaba la mano con la que no le agarraba para amortiguar los golpes y mantener contacto con una nevera que teníamos al lado. Cuando paró estábamos semi enterrados hasta las rodillas, y unos señores nos ayudaron a salir de los escombros. Nos refugiamos en el centro de la plaza, que estaba intacta... si hubiéramos sabido que los árboles no se caen hubiéramos corrido hasta allí, pero quien sabe, tal vez nos hubiera aplastado una pared en el camino.
Estuvimos un par de horas en la plaza, entre el caos de gente corriendo y gritando nombres de familiares y amigos, llorando, abrazándose o echándose en cara haber dejado al niño en algún otro sitio. Estaba casi todo oscuro, con linternas y coches cómo única iluminación, un sólo coche de policía, un máximo de 15 agentes que no parecían hacer nada, y réplicas de temblores a cada rato.
Conocimos a unos trabajadores de Arequipa, que como están acostumbrados a los temblores nos ayudaron a mantener la calma, y cuando se corrió la voz que podría haber un maremoto que llegara al pueblo, nos acompañaron caminando los 8km hasta el cruce con la autovía Panamericana, la Villa se llamaba el poblado. Fue en éxodo masivo, en vehículos de todo tipo y a pie, y una larga noche a la intemperie esperando al amanecer para regresar a Pisco. Sobre las 3 decidimos regresar caminando, ya que los temblores eran ocasionales y débiles, y llegaban noticias de que no había peligro del mar, y nuestros nuevos amigos se encontraron con parte de su equipo que iba a buscar mantas y colchones, así que decidimos esperar que regresaran, y cuando lo hicieron a las 4, dormimos un par de horas acurrucado en la cabina de la camioneta (éramos 4 allí, el resto durmió en la calle o en la parte de atrás, descubierta).
En cuanto amaneció, nos dirigimos en la camioneta al pueblo, ellos iban a ayudar a sacar cadáveres de la iglesia... nosotros nos dirigimos al hotel, que seguía en pie, con una lámpara de gas encendida dentro pero sin señales de vida. Nos acogieron los vecinos, al poco llegaron otros huéspedes y un rato después, el propietario, que también había huido a la Villa. Por suerte él vive en el hotel y su familia está en Lima y el extranjero, así que nos abrió para que sacáramos nuestras cosas (estaba todo como lo habíamos dejado, sólo la toalla en el suelo y polvo en algunos rincones). No tardamos en abandonar el lugar, no parecía que pudiéramos ser de ayuda, encima lastimados y conmocionados como estábamos.
Caminamos otra vez los 8km hasta el cruce, dónde había un atasco de tráfico increíble ya que la carretera también había quedado destrozada y nos aconsejaron caminar 5 Km. más hasta cruzar un puente, después del cuál se supone que habría buses a Lima. Sin embargo todos los buses que pasaban por allí hacia Lima iban ya llenos, ya que los vacíos seguían empecinados en cruzar el puente y cargarse de pasajeros en la Villa. Así que tomamos un taxi hasta otro pueblo, Chincha, de dónde sí había buses a Lima.
Ahora estamos en casa de Gary, esperando a tomar el avión de regreso mañana por la noche., haciendo escala en Buenos Aires el domingo.
El viaje ha sido maravilloso hasta que nos pilló el terremoto, y aún ahora es maravilloso poder contarlo. Espero que esta historia con tanto detalle no os haya hecho sufrir, pero no se puede exagerar la tragedia que hemos presenciado. Nosotros hemos podido salir de allí y regresar a la comodidad a la que estamos acostumbrados, pero mucha gente ha perdido la vida, a su familia, su casa, negocios, posesiones, y ellos tienen que quedarse allí y empezar de cero. Que injusto que estos lugares donde ya son pobres y tienen bastantes problemas, encima sufran tantos desastres naturales y parece que nunca llegan a levantarse tras la caída...
Espero también que esto no os quite las ganas de viajar a Perú si es que tenéis ocasión algún día, ya que es un país maravilloso - sólo recordad en caso de terremoto, alejaros de los edificios si estáis fuera, o resguardaros bajo un arco o viga principal si estáis dentro!
Pronto hablamos, hasta entonces, disfrutad de la vida

L....

1 comentario:

Isabel Romana dijo...

Impresionante este relato de quien vivió en primera persona el terremoto. Causa mucho temor pensar que es casi un azar que unos se salven y otros pierdan todo o mueran. Y tiene mucha razón tu hija al lamentarse, al final, de que todos los males recaigan sobre quienes menos tienen. En fin, una experiencia que conviene no olvidar. Un abrazo.